Fotografías: JOSÉ IGNACIO SANTAMARÍA

Hay tradiciones que no necesitan explicación porque forman parte de la memoria de un pueblo. Cada 8 de septiembre, Medina de Rioseco vuelve la mirada hacia Castilviejo y sus caminos se llenan de familias, amigos y generaciones enteras que mantienen vivo un vínculo que va mucho más allá de la devoción. La Virgen y el Cristo regresan a su ermita entre rezos, música y bailes, mientras la pradera se convierte en una gran mesa compartida. Un día para reencontrarse, celebrar y recordar que hay costumbres que, año tras año, siguen uniendo a todo un pueblo.

La jornada comenzó con la celebración religiosa en la ermita de Castilviejo, a la que siguió la tradicional procesión por la pradera. Las imágenes de la Virgen y el Cristo de Castilviejo estuvieron acompañadas por numerosos vecinos y por los bailes del Grupo de Danzas Ciudad de Medina de Rioseco, que puso el toque de folclore a uno de los momentos más esperados de la celebración. La tradición contempla además la presencia de la Corporación Municipal en la procesión.

Tras los actos religiosos, la pradera volvió a convertirse en un gran punto de encuentro. Numerosas familias y grupos de amigos aprovecharon la jornada para compartir la tradicional comida campestre, en un ambiente distendido y festivo que se prolongó durante buena parte del día.

La celebración estuvo precedida el lunes por el traslado a hombros de la Virgen y el Cristo de Castilviejo desde la iglesia de Santa María de Mediavilla hasta la ermita, después de la novena celebrada durante los días anteriores. De esta manera, ambas imágenes regresaron al santuario para presidir los actos del día grande.