Hay establecimientos que forman parte de la memoria gastronómica de un lugar. Rincones que asociamos o momentos de encuentro, compartir, sabores exquisitos y sobremesas que, después de una etapa de pausa, vuelven a levantar la persiana para recuperar su sitio. Es el caso de Casa Manolo, en Medina de Rioseco, que desde el pasado 15 de julio afronta una nueva etapa con Rui Carlos Da Costa al frente.
La decisión de mantener el nombre no fue casual. El nuevo responsable y su equipo quisieron conservar una denominación conocida por los vecinos y por quienes durante años han acudido al establecimiento. «Decidimos no cambiar y mantener el mismo nombre, que la gente identificaba tan bien», explica Rui Carlos.
Detrás de este nuevo proyecto existe, además, una figura fundamental. Es Ionela Burnea, que dirige desde hace años el Bar Montecarlo de Medina de Rioseco y mano derecha de Rui Carlos. Fue ella quien le animó a dar el paso hacia la hostelería. «Llevaba varios años de trabajo en el sector de la energía eólica y ella lanzo la idea de apostar por este proyecto y arriesgar», recuerda.
Para el emprendedor los primeros pasos de esta nueva ‘Casa Manolo’ «son muy positivos». En apenas unas semanas, el restaurante ha comenzado a recuperar clientela y a atraer también a visitantes de fuera de la localidad. «A la gente le gusta y recomienda nuestra oferta gastronómica», dice el responsable. En este sentido, señala que «la clientela se reparte aproximadamente entre vecinos de Rioseco y localidades cercanas y personas que llegan de paso».
La gastronomía ocupa el centro de esta nueva etapa. Casa Manolo se presenta principalmente como restaurante y ofrece diferentes posibilidades dependiendo del momento del día. Ya sea con el menú diario, el de fin de semana, carta, raciones y tostas. Ningún comensal quedará indiferente. Y es que el menú se modifica a diario y apuesta por una cocina castellana, con tres primeros y tres segundos a elegir, además del postre. La filosofía que resume la propuesta es sencilla: cocina de toda la vida y producto de cercanía. Así lo explica el cocinero del establecimiento, Jesús Cuesta. «La comida es casera y se basa en platos arraigados en el territorio, sobre todo ahora en invierno, con los guisos». Una cocina que busca además aprovechar los productos de la zona, especialmente en el apartado de carnes.
Entre los platos que ya han conquistando los paladares de los clientes destaca especialmente el bacalao gratinado, uno de los grandes protagonistas de la propuesta. En las carnes, la carta mira hacia el producto de proximidad con entrecot, lomo bajo, solomillo, ternera y chuletón, productos que, según explica el cocinero, se adquieren en la propia plaza.
Pero Casa Manolo propone también un recorrido más amplio. La carta incorpora entrantes y ensaladas, desde la de la casa o la de perdiz hasta propuestas como los gambones al ajillo y diferentes revueltos. Entre las raciones aparecen clásicos como los callos, la oreja guisada, el torrezno soriano, los huevos rotos con jamón ibérico, los chipirones a la mallorquina, la sepia o los calamares a la andaluza. También hay espacio para el jamón ibérico, el queso curado de oveja y las croquetas de jamón.
Las tostas permiten una aproximación más informal a la cocina, con combinaciones como jamón ibérico y tomate, sardina ahumada y escalivada o queso de cabra con tomate confitado. Una oferta pensada para compartir y que se complementa por las noches con raciones y carta.
Para quienes prefieran sentarse a la mesa y disfrutar de una comida más completa, la carta de carnes incorpora también pluma ibérica a la plancha, secreto ibérico con salsa mozárabe, chuletillas de lechazo, solomillo de cerdo salteado, magret de pato con salsa de higos y lechazo asado por encargo. En pescados aparecen el atún encebollado, el bacalao gratinado con ali-oli, la lubina a la espalda y el pescado de temporada.
El sabor de lo casero
La propuesta no se olvida tampoco de los postres. La tarta de queso, el flan casero, el arroz con leche, las natillas y la fruta de temporada prolongan esa apuesta por una cocina reconocible, sin artificios y con especial atención a las elaboraciones caseras.
El menú de fin de semana amplía las posibilidades con platos como bacalao al horno o gratinado, entrecot, lubina y otras propuestas de pescado y marisco, mientras que durante la semana tienen mayor presencia los platos de cuchara, las cremas, las lentejas o la carrillera.
El restaurante cuenta con espacio para cerca de 40 comensales en el interior, a los que durante los meses de buen tiempo se suman entre 20 y 30 plazas en el patio. Un espacio que ha permitido ampliar las posibilidades del establecimiento durante el verano.
A parti de ahora, el objetivo es crecer paso a paso, consolidar el proyecto y seguir con la mejora de la propuesta «paso a paso», resume Rui Carlos. Una filosofía que encaja con una cocina que mira a la tradición, al producto de la tierra y a esos sabores capaces de convertir una comida en una experiencia para recordar.


