Fotografías: PACO MARTÍN

La Asociación de Jubilados El Hogar rindió homenaje a Benito Lobato para cerrar las fiestas de las Candelas.

Benito López Lobato, a quien todos en el pueblo llaman  ‘Nito’ quiso llegar a este mundo con el mediodía, ya que, según costa en el Registro Civil de Tordehumos, nació a las 12.00 horas del día 3 de noviembre de 1934, en el domicilio familiar de la calle Postigo. Así, consta en el acta de nacimiento, escrita en el folio 189 del libro 33 del registro, firmada por el juez municipal don Teodosio Lobón Belmonte y por el secretario del Juzgado Eugenio Fernández Yáñez.

Benito es hijo de Benito Lobato Martín, de profesión zapatero y ganadero; y de Antonina Álvarez García. Es el menor de seis hermanos: Avelino, Raimundo, Antonina, José y Manuel.

El año 1934, en el que nació ‘Nito’, se caracterizó por estar sembrado de graves conflictos sociales, tanto a nivel nacional como local. Muchos tenían que la nación estuviera abocada a vivir tiempos muy difíciles, como así sucedió.

Tiempo difíciles fueron los de la infancia de Nito. Como todos los niños fue inscrito en la escuela que le correspondía por la situación de su domicilio y tuvo por maestro a don Custodio Movilla. Pero la realidad era muy distinta a la actual y se sumaban más días de ausencia que de asistencia a la escuela. Los niños tenían que arrimar el hombro a la economía familiar y nunca faltaban tareas para ellos: escardar, cuidar ovejas, espigar… Cualquiera de estas tareas justificaba la ausencia al colegio. Así lo cuenta este ahumado.

Pronto comenzó a acompañar a sus hermanos en las tareas de cuidar las ovejas de la familia. Era el menor de seis hermanos y le gustaba ser pastor. Ayudaba a cuidar las ovejas y, en buen tiempo, dormía a cielo abierto junto a la telera puesta en las inmediaciones de la Casa Nueva. Había que cuidar el hatajo y defenderlo «de los lobos de cuatro patas y de los de dos». Aún hoy recuerda cuando les robaron las corderas.

Cuando llegó su momento, hubo de prestar el servicio militar obligatorio. La suerte le llevó a Villanubla, donde según cuenta, disfrutó de sus primeras vacaciones. Por mediación de Luis, yerno del señor Melecio, fue destinado a una pequeña granja en el mismo cuartel. Esto es lo que quería: «trabajar la huerta, cuidar a los cerdos ya. Las ovejas». Tenía su recompensa y los permisos dados le otorgaba venir a Tordehumos en su bicicleta.

Pero antes había llegado el momento de poner el mayor, de correr las cintas y de quemar la leña junto a algunos de sus quintos: Paco, Teo, Gino, Groso, Arturo y algunos más. No muchos más, porque el grueso de los nacidos en 1934, unos 38, eran mujeres y éstas participaban de estas celebraciones. De todos ellos, solo Paco Cartón se contaba entre sus amigos, junto a Desiderio Bajo y José Vallecillo.

Después de volver de la mili, conoció a María Pilar Serrano Aguilar, que había nacido en Burganes de Valverde, pueblo zamorano de la comarca de Benavente y de los Valles, cuyas tierras bañadas por el rio Tera son muy fértiles y que había venido al pueblo cuando sus padres Mateo y Alejandra decidieron regresar a Tordehumos.

El noviazgo estuvo por los lutos familiares por lo que, lejos de los bailes, paseaban su amor, arriba y abajo por la carretera de Morales, unas veces solos y otros en compañía de Abel y María.

Benito y María Pilar contrajeron matrimonio el 1 de mayo de 1963. Tras la vida Benito y Pilar fijaron su residencia inicialmente en la calles Victoria, en una casa que había pertenecido a Millán Collazos. Luego vivieron en la calle Sol hasta que se trasladaron al que ha sido su hogar familiar, en la calle Alegre. En este recorrido fueron llegando los hijos. María Pilar y José Luis nacieron en el primer domicilio; Ana Isabel, en el segundo; y Rosa, en el tercero y definitivo.

Aunque Benito estuvo siempre muy apegado a su oficio de ganadero y era muy poco aficionado a viajar, aprovechando la oferta de los viajes del Imserso y convencidos por sus cuñados Paula y Leo, la pareja voló hasta Tenerife, donde disfrutaron de unas merecidas vacaciones. Todavía tuvieron la oportunidad de repetir y volar juntos hasta las Islas Baleares.

En las distancias cortas, Benito se movía con su motocicleta y llegaba hasta Medina de Rioseco, yendo siempre por el camino. Era el medio de transporte familiar y sus hijos recuerdan haber ido con sus padres para hacerse alguna fotografía. También recuerdan la anécdota de los ocurrido en uno de estos viajes cuando Benito, por causa de los baches, perdió por el camino a María Pilar. Afortunadamente, todo quedó en un susto.

Cuando falleció María Pilar, Benito hubo de replantearse el futuro de acuerdo con sus hijas, hubo de trasladarse a Valladolid. Allí lleva más de 20 años. Ahora prefiere vivir en la capital y cada vez le cuesta más ir a Tordehumos. Allí tiene organizada su vida y cada día acude a los centris de Personas Mayores de Puente Colgante o de La Rondilla.

Cundo está en Tordehumos, se acerca hasta la huerta de su era y añora aquellas tertulias que hacían todas las tardes en la Puerta Villa, en las que «se contaban muchas mentiras, pero se reía uno mucho». Es miembro de la Asociación de Jubilados El Hogar y, cuando está en Tordehumos, participa de los eventos celebrados en el pueblo. Nunca fata a la paella de la hermandad organizada por la Asociación de Jubilados el 15 de agosto.