Paula Alcalaya vive acompañada de un rebaño de 65 ovejas que guía a diario sin descanso, ya sea fin de semana, fiestas o la tan querida Semana Santa de Medina de Rioseco, ciudad en la que reside y en la que ha fundado la Granja Castilviejo. A su lado no faltan perros pastores, ni tampoco sus más de 3.200 seguidores en Instagram, en donde comparte vídeos  y fotografías de sus caminatas, para ofrecer los mejores pastos a estos animales que se han convertido en parte vital de su vida.

Y aunque «siempre me han gustado los animales, nunca imaginé que me convertiría en ganadera de ovino», confiesa la joven de 24 años. Su idilio con el mundo de las ovejas surge de la manera más inesperada, cuando su pareja, José María, se encontró una oveja perdida en junio del 2023 mientras realiza su labor en el mantenimiento de carreteras en la zona de la localidad de Berruces. «Unos pastores trashumantes habían hecho noche junto a la laguna de este pueblo y parece que esta oveja se quedó atrás», recuerda. Después de llevar al animal a la Guardia Civil y de que nadie la reclamara «decidimos quedárnosla».  

La pareja decidió ‘bautizar’ a esta lanuda como ‘Lola’. Y como «no queríamos que estuviera sola compramos un macho y después una cordera churra». Es entonces cuando la pareja empieza a pensar en la posibilidad de aprovechar la infraestructura de una explotación de la familia de José María para poner en marcha la granja. Un cambio radical en la vida de Paula, que dejó su vida en Valladolid y sus estudios  universitarios de Matemáticas por el mundo rural. «Al principio mi madre no se creía que tomara esta decisión, pero ahora está encantada y viene a ver a los animales». Sus amistades «tampoco entendían un cambio tan importante». Algo que no importó a la emprendedora, ya que «la vida es para los que se atreven a hacer realidad sus sueños».

Aunque los inicios «no fueron sencillos», admite. «Empezar de cero es difícil, ya que el ganado es muy caro y aquellos que tiene ovejas no quieren venderlas, y si lo hacen es para ofrecerte 300». Sin embargo, «hemos contado con la ayuda de un vecino de Mayorga, que nos ha ayudado mucho». Actualmente la joven cuenta con 65 ovejas churras y todas las hembras que nacen «las dejamos para reposición». 

El objetivo «es llegar a contar con un rebaño de 300 ovejas». En este sentido, Paula aboga por «un modelo familiar para ofrecer productos de calidad». Algo opuesto a las macrogranjas , que «producen mucho, pero de un nivel mediocre». Un tipo de negocio que cuenta en muchos casos por ovejas foráneas. «La mayoría de los ganaderos cambiaron las ovejas churras por razas de otros países en busca de una mayor rentabilidad». Especies que «producen mucha leche y que cuentan con ubres tan grandes que no pueden andar bien, y por eso no suelen salir al campo y no pueden aprovechar bien los recursos». Además, «no son mágicas, y si dan más leche es porque comen más». La joven, como gran defensora de la oveja autóctona, señala que «sus animales aprovechan las rastrojeras y son capaces de saciarse en hora y media, que es cuando quieren volver a casa».

Asimismo, Paula no ha descuidado su formación y actualmente cursa el grado medio de Producción Agropecuaria en la Escuela de Capacitación Agraria de La Santa Espina. «Aunque cuento con el trabajo en casa quiero tener los mejores conocimientos posibles». Algo que «no podría hacer sin la ayuda de mis suegros que nos echan una mano por las mañanas, cuando estoy en clase».

LA PAZ DE SALIR CON LAS OVEJAS

Porque la tarde «es tiempo de paz con las ovejas». Asegura disfrutar de sus paseos junto a ellas por los campos riosecanos. Y eso que «al principio me daba pavor salir porque tenía miedo de que se escaparan». Con el tiempo «aprendí que no se iban, y además, cuantas más hay, mejor se portan». Su vida se ha convertido en una elección consciente que combina trabajo, animales, formación y naturaleza. Sin olvidar el enorme apoyo de todas esas personas con las que se encuentra y que «me animan y me dicen que he elegido un trabajo muy bonito». Todo ello, a pesar del complicado momento que vive el sector y su profesión. Y para muestra un botón. Hasta hace pocas décadas Medina de Rioseco contaba con varios rebaños y granjas de vacas. En cambio, «ahora solo quedamos nosotros y otra más de ovino, próxima al cierre por jubilación». El problema radica en que «no hay relevo generacional y las personas jóvenes no apuestan por el campo». Algo que muchas veces «tiene que ver con el desconocimiento». Por ello, «animo a todo el mundo a que lo intente a pesar de las muchas dudas que pueda tener, porque las alegrías son muchas más que los sinsabores». 

La ganadera se siente afortunada. Por ello, muestra su elección de vida a través de Instagram. Una Red Social que se ha convertido en el mejor espejo de Granja Castilviejo. La finca por el momento no cuenta con mecanización alguna. «Ordeñamos a mano, aunque cuando tengamos más animales será difícil mantener este modelo, ya que lleva mucho tiempo». No faltan las ideas y proyectos. «Queremos  producir queso de nuestra leche y crear una marca para la venta directa».