FOTOGRAFÍAS: PACO MARTÍN

Tordehumos ya vive sus fiestas de Las Candelas. Unos festejos que arrancaron con el pregón de fiestas del antiguo maestro de la escuela de Tordehumos Floren Rabanillo.

Después de realizar un recorrido por la rica historia de la localidad recordó que en Tordehumos pasó «una de las una de las etapas más importantes y luminosas» de su trayectoria docente.

En el colegio del pueblo «aprendí que enseñar no es transmitir contenidos, sino compartir humanidad» Porque, «aquí comprendí, de verdad, aquello que decía Paulo Freire: «La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo»».

Después de recordar a sus «queridos y añorados alumnos», que eran capaces de que cada día en clase lo viviera «con ilusión verdadera» puso en valor la escuela rural, que «es un milagro cotidiano». Porque «en sus aulas pequeñas se forja una riqueza que no cotiza en bolsa, pero sostiene el mundo: la cercanía, el cuidado y la comunidad. No dejemos morir la escuela rural. Defenderla es defender la vida de nuestros pueblos, la dignidad de nuestros mayores y la esperanza de quienes vendrán».

El docente de Lengua y Literatura del Colegio Nuestra Señora del Carmen de Valladolid dirige a su vez el Grupo de Teatro Pesquegrama. Repecto a esta última tarea señaló que parte de sus obras de teatro escritas y dirigidas «llevan ese sentido del humor y manera de mirar el mundo» de los que fueron sus pupilos. Y es que «fuisteis ese martillo suave que modeló mi vocación. No tendré nunca el tiempo suficiente, ni habrá ningún mundo dramático configurado que crear, para poder agradecéroslo».

Tras elogiar a sus compañeros de oficio nombró a tres personas que a lo largo de esos siete años de itinerancia le hicieron «la vida más fácil». Primero, «Amalia, que fue madre y guía, incluso en los momentos más duros, no solo tus manos, talentosas en lo culinario, nos nutrieron con los alimentos que nos diste día a día, sino, tus manos de amiga, me entregaron la cordura, que muchas veces, toda persona, en la juventud más clandestina de su vida, necesita para dar algunos pasos en los terrenos pesadumbrosos de la vida». No se olvidó de Elena, «sonrisa etérea y callada, con tu buen hacer alumbrabas como una ‘candela’, los días de sombra». U como no, «Javi, siempre presto, no solo como alguacil, sino como persona, servil y cercana. Gracias por sostener, gracias por cuidar, gracias por estar».

Por último, abogó por mantener vivas las tradiciones, que «son la memoria viva de un pueblo, cuando se pierden, no solo se olvida el pasado, también se debilita el sentido de quiénes somos y hacia dónde vamos».

Después, tuvo lugar la coronación de la reina de fiestas, Sandra Diez; la dama, Martina Sahagún; el príncipe infantil, José Esteban; y la princesa infantil, Galilea Toribio.