El Museo de San Francisco reúne más de un centenar de piezas para recorrer desde los orígenes del monacato hasta la figura de fray Carlos Amigo, en una exposición que reivindica el vínculo de la ciudad con la orden del Poverello
Forografías: José Ignacio Santamaría / Texto: C.B.A.
Hay historias que no se pueden contar en una sola fecha. La de Medina de Rioseco y el franciscanismo es una de ellas. Se encuentra en sus conventos, en sus iglesias, en sus imágenes, en sus cofradías y también en la memoria de una ciudad que ha mantenido durante siglos una estrecha relación con la orden de San Francisco. Ahora, el Museo de San Francisco propone recorrer buena parte de ese legado a través de la exposición ‘De San Francisco a fray Carlos Amigo. La orden del Poverello en Medina de Rioseco’.
El alcalde de Medina de Rioseco, David Esteban, inauguró ayer esta muestra coincidiendo con la conmemoración del 800 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís y con el Año Jubilar Franciscano declarado por la Iglesia Católica para 2026-2027. El recorrido reúne más de un centenar de esculturas y pinturas de los siglos XVII y XVIII, además de fotografías, libros, piezas de platería y ornamentos procedentes de diferentes instituciones y colecciones vinculadas a Rioseco.
Pero la exposición no pretende limitarse a mostrar obras de arte. Su recorrido propone comprender cómo nació y se extendió el movimiento que acabaría dando lugar a la orden franciscana, partiendo de los primeros eremitas y anacoretas y avanzando hacia las órdenes mendicantes.
Así lo explicó durante la visita el director del Museo de San Francisco, Miguel García Marbán, que sitúa en las primeras formas de vida solitaria y religiosa uno de los puntos de partida del recorrido. De los eremitas y anacoretas se pasa a las comunidades y a las diferentes órdenes religiosas que fueron surgiendo posteriormente, hasta llegar al movimiento franciscano.
Entre las piezas y elementos que ayudan a explicar esa evolución aparece uno especialmente reconocible: el cordón franciscano. Sus tres nudos representan los votos de pobreza, obediencia y castidad, mientras que el cordón asociado a los santos franciscanos incorpora cinco nudos en referencia a los estigmas de Cristo recibidos por San Francisco.
A partir de ahí, el visitante se encuentra con una amplia representación de santos y personajes relacionados con la expansión de las órdenes religiosas. San Jerónimo, San Onofre, Santa Teresa de Jesús, San Francisco Javier o San Francisco de Paula forman parte de un recorrido que permite observar cómo las distintas reformas y movimientos religiosos fueron configurando el mapa espiritual de Europa.
Una historia profundamente riosecana
La exposición adquiere una dimensión especialmente local cuando se adentra en la historia de Medina de Rioseco y el papel que los Enríquez, Almirantes de Castilla desempeñaron, como grandes protectores de la orden. Su impulso fue determinante para distintas fundaciones religiosas, entre ellas los conventos de Santa Clara y San Francisco de Medina de Rioseco, este último concebido también como panteón familiar.
La propia historia de las fundaciones aparece explicada durante el recorrido. El convento de las Clarisas tiene sus antecedentes en una fundación de 1429, mientras que posteriormente, a finales del siglo XV, se impulsa la presencia de los franciscanos dentro de la propia ciudad. La evolución responde también a los cambios experimentados por la propia orden, entre una vida más retirada y contemplativa y otra más vinculada a la predicación y a la vida urbana.
Ese vínculo acabaría dejando una huella que va mucho más allá de los propios conventos. La exposición aborda también la creación de la Orden Tercera y de la Archicofradía de la Vera Cruz, estrechamente relacionada con el origen de la histórica Semana Santa riosecana.
Y el recorrido llega hasta una figura contemporánea que resume, de alguna manera, la pervivencia de esa tradición: fray Carlos Amigo Vallejo, que nació en Medina de Rioseco y cuya trayectoria religiosa le llevó hasta el cardenalato. Su vida ocupa la última parte de la exposición, acompañada de fotografías y objetos que permiten seguir su recorrido vital y su relación permanente con la localidad.
Para el alcalde de Medina de Rioseco, David Esteban, la exposición representa precisamente una oportunidad para reivindicar ese carácter franciscano de la ciudad. «Medina de Rioseco siempre ha tenido un espíritu franciscano», señaló durante la inauguración, al tiempo que destacó que la muestra debe servir como punto de partida para mantener viva esa relación y atraer nuevos visitantes al Museo de San Francisco.
Esteban incidió también en la responsabilidad de las instituciones y de la propia sociedad riosecana a la hora de divulgar este patrimonio. En su opinión, la exposición debe actuar como un «pretexto» para continuar difundiendo el legado franciscano y favorecer que las piezas que forman parte de la historia de San Francisco en Rioseco permanezcan vinculadas a la ciudad y sean conocidas por las nuevas generaciones.
No es, por tanto, únicamente una exposición sobre San Francisco. Es también una exposición sobre Rioseco. Sobre sus conventos, sus familias, sus religiosos, sus cofradías y sobre una manera de entender la espiritualidad que terminó formando parte de la identidad de la ciudad.
El recorrido puede visitarse hasta el 23 de enero de 2027 en el coro del Museo de San Francisco, con entrada libre siempre que no exista una visita concertada. El horario es de lunes a domingo, con diferentes franjas de mañana y tarde según el día.
Ocho siglos después de la muerte de San Francisco, Rioseco vuelve a sentarse frente a su legado. Esta vez, no solo para contemplarlo, sino para recordar hasta qué punto aquella huella forma parte de su propia historia.
















