Hubo un tiempo en que raro era el pueblo de Tierra de Campos o Montes Torozos que no contaba con un grupo de jotas o de paloteo. Los manteos, las chambras, las castañuelas y los pololos salían de los armarios cada verano para recorrer los pueblos vecinos al ritmo de las fiestas patronales. Aquellos encuentros eran mucho más que una exhibición de folclore. Significaban una forma de reconocerse entre municipios, de estrechar lazos y de transmitir una identidad compartida.
Con el paso de los años, muchos de aquellos grupos desaparecieron. Los trajes quedaron guardados y el silencio sustituyó a la música. Pero en Wamba creen que algunas de esas ‘muertes’ pueden convertirse también en renacimientos. Esa es la idea sobre la que gira la III Escuela ‘Todas las muertes de una vida’, que La Refugia organiza durante el mes de julio volverá a transformar la localidad en un espacio para pensar el mundo rural desde la cultura, la memoria y la participación comunitaria.
La gestora cultural de La Refugia, Alicia Álvarez Vaquero señala que «es una idea que teníamos desde hace tiempo». Una iniciativa que reafirma con el recuerdo de aquella época dorada de los años 90, para las jotas, «cuando eran muchos los pueblos que tenían grupos de danzas y había un flujo de folclore y de fiestas que nos conectaba con otros municipios».
Precisamente ese será el punto de partida de la escuela. La sesión inaugural, ‘De morires y renaceres’, reunirá a grupos de danzas tradicionales de Castromonte, Ciguñuela, Villanubla, Torrelobatón y Wamba, acompañados por los dulzaineros La Charambita, para reflexionar sobre la desaparición del folclore popular y el proceso de recuperación que viven actualmente muchas localidades.
Para Alicia Álvarez, este renovado interés por las tradiciones responde a un cambio de mirada. «Se ve que la gente quiere valorar lo propio y mirar hacia dentro». Sin duda, «que hayamos recuperado el grupo de danza de Wamba es una señal de ello». Asimismo, considera que el folclore trasciende el mero hecho de bailar. «Mirar al folclore es conocer el territorio, nuestras raíces y a nosotros mismos. Honrar nuestras tradiciones es importante para no homogeneizar la vida. Debemos agarrarnos a lo genuino y a nuestras raíces, pero con una mirada actual».
En esa misma línea, defiende que estas manifestaciones forman parte del patrimonio inmaterial de los pueblos. «El folclore debe pervivir porque es un patrimonio inmaterial y existencial. Va mucho más allá de un baile; tiene un trasfondo muy fuerte y nos ayuda a valorar nuestra tierra y nuestro campo», subraya.
Pero la escuela no se limita al folclore. Su programación propone un recorrido por otras ‘muertes’ simbólicas que también forman parte de la historia reciente del medio rural.
La escritora y activista Brigitte Vasallo abordará la diáspora y las migraciones interiores que vaciaron muchos pueblos durante el desarrollismo; la integradora social Natalia Rodríguez dirigirá un taller de cerámica inclusiva inspirado en aquellas vajillas que solo se utilizaban en las grandes ocasiones; mientras que la antropóloga y arteterapeuta Alma María Aguado invitará a reflexionar sobre los duelos colectivos que han dejado la despoblación y la desaparición de servicios.
El ciclo concluirá con un coloquio protagonizado por Antonio El Payaso, una figura muy querida en Wamba que servirá para hablar del envejecimiento, la comunidad y otras formas de entender el paso del tiempo.
La escuela tiene sus raíces en las primeras actividades impulsadas por La Refugia. Alicia recuerda especialmente una mesa redonda celebrada en 2023 que reunió a personas de ocho generaciones distintas para conversar sobre cómo habían cambiado los veranos en el pueblo. «Sentamos a personas de 18 años junto a otras de más de 90». Entonces, «los mayores nos hablaron de fiestas que ni siquiera conocíamos». Fue un diálogo «precioso entre generaciones y supuso un auténtico chute de autoestima para el pueblo», recuerda.
Ese espíritu vuelve a estar presente en esta tercera edición, que no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino abrir preguntas sobre aquello que desaparece, aquello que merece conservarse y aquello que todavía puede recuperarse.



