Hay historias que nacen de las ganas de hacer teatro y terminan convirtiéndose en algo más. ‘Espejos rotos’ es una de ellas. Jano Teatro llega a los escenarios con una obra para dos actrices que se adentra en la violencia de género desde una mirada humana y cercana, pero que, por encima del dolor, quiere hablar de esperanza, apoyo y reconstrucción. Al frente están Inmaculada Pelaz, natural de Urueña y residente en Madrid, y Mary Calvo, de Villardefrades, dos mujeres unidas por su pasión por la interpretación y por el empeño de sacar adelante un proyecto que ha requerido meses de trabajo, organización y muchos kilómetros.
El estreno tuvo lugar el 10 de octubre en Torrelobatón, aunque para Jano Teatro esa fecha no representó un punto de llegada, sino el comienzo de un recorrido con el que pretenden llevar Espejos rotos a diferentes escenarios y localidades. Después, ambas actrices ya tienen en mente un nuevo proyecto, esta vez dirigido al público infantil.
La obra nace, precisamente, de las ganas de seguir haciendo teatro y de contar una historia que sus protagonistas consideran necesaria. «Espejos rotos nace de las ganas de hacer teatro y de contar una historia que creemos que es necesaria», explica Mary. La actriz señala que la obra aborda la violencia de género desde una perspectiva «muy humana», poniendo el foco especialmente en las emociones y en las consecuencias que puede dejar una situación de violencia. «Queríamos crear una obra que llegara al público, que emocionara y que, al mismo tiempo, invitara a reflexionar», añade.
Para Inma, el proyecto tiene además un significado personal. ‘Espejos rotos’ ha supuesto su regreso a los escenarios después de varios años alejada de la interpretación. El trabajo y la maternidad la habían llevado a aparcar temporalmente una de sus grandes pasiones, hasta que Mary le propuso el pasado mes de diciembre embarcarse juntas en esta aventura. La distancia entre Madrid y Urueña, los compromisos personales y profesionales y el tiempo que llevaba sin representar hicieron que inicialmente dudara. Sin embargo, después de leer la obra decidió aceptar el papel de Nora.
En el escenario aparecen Nora y Elena, dos personajes cuyas vidas se encuentran en un momento especialmente delicado. Nora, interpretada por Inma, es una mujer «intensa y llena de emociones», sumida en un momento de su vida marcado por el silencio, el miedo y el dolor. Pero también es alguien capaz de encontrar fuerza cuando parece que ya no queda ninguna. «A pesar de todo, consigue sacar fuerza de donde ya no queda nada para renacer», explica la actriz.
Mary interpreta a Elena, una trabajadora social que acude a casa de Nora para ayudarla. La define como una mujer «segura, inteligente, empática y cercana», pero, sobre todo, destaca la relación que se va construyendo entre ambas, convertida en uno de los elementos fundamentales de la obra. Es precisamente esa relación entre las dos protagonistas la que obliga a las actrices a establecer una conexión especial sobre el escenario. No hay más personajes que ellas dos y tampoco existe demasiado margen para desconectar durante la representación. «Cada obra es un nuevo reto, independientemente de la experiencia que tengas», explica Mary, que reconoce que Espejos rotos le está permitiendo trabajar «desde un lugar muy diferente» y, especialmente, compartir escenario con Inma. «Al ser una obra para dos actrices, necesitamos estar muy conectadas, escucharnos y trabajar mucho cada momento», señala.
Teatro a pesar de los kilómetros
Si el escenario exige conexión, el camino hasta él ha obligado a superar una dificultad muy concreta: la distancia. Inma vive en Madrid y Mary en Villardefrades, por lo que los ensayos han tenido que adaptarse a sus posibilidades. Sin embargo, lejos de convertirse en una barrera, ambas han encontrado la fórmula para avanzar. Así pues, se marcaron objetivos a la hora de estudiar sus respectivos papeles y, cuando podía desplazarse hasta Urueña, normalmente cada 15 días durante el fin de semana, ponían en común el trabajo realizado. El verano permitió intensificar todavía más el proceso. Y es que durante un mes, mientras Inma y su familia permanecieron en el pueblo, aprovecharon para ensayar prácticamente todos los días. «Hemos intentado aprovechar al máximo cada encuentro. Cuando Inma viene, trabajamos mucho y con mucha intensidad», explica Mary, para quien la distancia podía parecer inicialmente un inconveniente, pero que finalmente no ha impedido sacar adelante el proyecto.
Inma resume su regreso a las tablas como «emocionante, algo vertiginoso pero satisfactorio». Por su parte, Mary habla de una experiencia «muy bonita», que se ha construido a lo largo de las muchas horas de ensayo. «La confianza y la complicidad entre las dos son fundamentales», afirma. Inma coincide y asegura haberse sentido «muy a gusto» trabajando con su compañera, a quien destaca por la ilusión que desprende por el teatro.
Hablar de violencia de género implica acercarse a una realidad especialmente delicada. Pero las dos actrices quieren que Espejos rotos vaya más allá de la representación del sufrimiento. «Buscamos que el público se emocione y que también reflexione», explica Mary. Para la actriz, la violencia de género sigue siendo una realidad presente y el teatro puede contribuir a acercarse a ella «desde las emociones y desde las historias de sus protagonistas».
Inma pone el acento en la importancia de «transmitir esperanza». La intención, explica, no es limitarse a retratar una realidad dolorosa, sino dotar a la historia de un sentido de resiliencia y cambio. «La violencia no define el destino», sostiene, porque quien la padece puede recuperar el control de su vida, su identidad, su autoestima y su fuerza interior. La actriz quiere transmitir también que existe un después y que la recuperación es posible cuando se rompe el aislamiento y se recibe apoyo externo. Y encuentra en el propio título de la obra una imagen para resumir ese mensaje: «Incluso cuando un espejo se rompe, cada uno de sus fragmentos sigue reflejando la posibilidad de mirar hacia el futuro».
Detrás de esa mirada hay también un largo proceso de preparación. «Ha supuesto mucho esfuerzo, pero el resultado es gratificante», reconoce Inma. Mary habla de «meses muy intensos» en los que cada ensayo ha servido para avanzar, cuidar los detalles y lograr que ambas estén preparadas para el estreno. Más allá de ‘Espejos rotos’, el proyecto pone sobre la mesa otra cuestión: la capacidad de los pueblos para generar y mantener actividad cultural.
Para Inma, hacer teatro desde sus pueblos significa mantener el vínculo con sus raíces y utilizar la interpretación como «una herramienta de transformación social y cultural», capaz de aportar dinamismo y acercar el arte y la cultura al medio rural.
Mary comparte esa mirada desde Villardefrades. «Nuestros pueblos tienen mucho que aportar», afirma. Y reivindica que el teatro no tiene por qué nacer únicamente en las grandes ciudades o en los grandes escenarios: «El teatro puede nacer en cualquier lugar». Su intención es disfrutar de hacerlo aquí y llevarlo después a otros escenarios. En ese sentido, ‘Espejos rotos’ se convierte también en una pequeña reivindicación de que la cultura puede construirse desde los pueblos.
El 10 de octubre, el estreno
El 10 de octubre llegó el momento de enfrentarse al público. Inma esperaba que quienes se acercasen disfrutaran de la representación, pudieran empatizar y emocionarse con la historia. Mary consideraba que sería «un día muy especial», tanto por culminar todo el trabajo realizado como porque supondría el comienzo de una nueva etapa para Espejos rotos. La intención de Jano Teatro es que la obra continúe y que «pueda llegar a muchos escenarios y localidades y públicos», explica Mary.
Y ya existe un siguiente paso. Una vez estrenada la obra, ambas quieren preparar una obra de teatro infantil, un proyecto muy diferente pero que afrontan también con ilusión. Porque, al final, todo vuelve al escenario y la necesidad de contar historias. Así pues, Inma invita al público a descubrir una obra «sobre la amistad, el apoyo y el respeto mutuo», en la que conviven la esperanza, el miedo, la dignidad y la posibilidad de reconstruirse.
Para Mary «el teatro cobra sentido cuando las historias dejan de ser nuestras y pasan a formar parte del público». Y esa es, probablemente, la verdadera razón por la que dos actrices han recorrido kilómetros, han convertido los fines de semana y el verano en horas de ensayo y han decidido volver a levantar el telón.
