Mientras muchos jóvenes abandonan los pueblos en busca de oportunidades laborales, Marco Jesús Muelas (Mota del Marqués) y Ainhoa Salido (Torrelobatón) han decidido apostar por el medio rural. Su proyecto no consiste en abrir un bar, una tienda o un alojamiento rural, sino en poner en marcha un servicio que pocas veces ocupa titulares y que, sin embargo, resulta imprescindible para cualquier territorio. Desde hace apenas unas semanas, Servicios Funerarios De la Cuesta presta servicio desde Villabrágima con la idea de que las familias de buena parte de Tierra de Campos puedan afrontar uno de los momentos más difíciles de su vida sin tener que recorrer decenas de kilómetros ni preocuparse por trámites, gestiones o desplazamientos.

Detrás del proyecto hay mucho más que una inversión económica. Hay una historia de continuidad familiar, de conocimiento del territorio y de convencimiento de que el medio rural sigue ofreciendo oportunidades cuando se detectan necesidades reales. Marco creció prácticamente dentro de una funeraria. Sus padres fundaron el negocio hace cerca de 40 años y en 2013 dieron un paso importante con la apertura del tanatorio de Mota del Marqués. Cuando llegó el momento de la jubilación, la pareja decidió recoger el testigo y comenzar una nueva etapa empresarial. «En 2023 cogimos las riendas del negocio y empezamos a pensar cómo podíamos seguir creciendo», recuerda. 

Ese crecimiento no se improvisó. Antes de decidir dónde abrir este nuevo servicio la pareja realizó un estudio de mercado que analizaba la evolución demográfica de la comarca, la distribución de la población, la edad media de los vecinos y las necesidades existentes en materia de servicios funerarios. «Buscábamos completar la zona de influencia que ya teníamos desde Mota del Marqués y estudiamos todos los pueblos de alrededor. Villabrágima era el lugar que mejor encajaba», explica Marco. La intención no era competir con otros municipios, sino crear una red de atención que permitiera cubrir con mayor eficacia toda la franja comprendida entre Mota y la villa chivarra y prestar servicio a decenas de localidades de la zona 

Una vez que dieron con el lugar, comenzaba el reto de transformar una nave en un tanatorio completamente equipado. Las obras se prolongaron durante casi un año, desde agosto de 2025 hasta la primavera de 2026. También aquí quisieron ser coherentes con su filosofía. La mayor parte de las empresas que participaron en la construcción procedían del entorno más cercano. «Queríamos que todo fuera de cercanía». En este sentido, la constructora era de Tordehumos y, a partir de ahí, «prácticamente todos los oficios fueron de la zona». No era únicamente una cuestión práctica, sino una manera de que la inversión repercutiera también en la economía local. 

INSTALACIONES

El resultado son unas instalaciones de unos 300 metros cuadrados que buscan ofrecer comodidad y tranquilidad. Dos salas de vela, un amplio hall común, una zona de descanso con café de cortesía, espacios luminosos y dependencias técnicas conforman un edificio ideal para que las familias encuentren un ambiente sereno en un momento especialmente delicado. Sin embargo, ambos insisten en que el verdadero valor del proyecto no está en las paredes, sino en la forma de entender el servicio.

Y es precisamente ahí donde aparece el equilibrio entre los dos. Marco reconoce que siempre ha sido la parte más técnica y meticulosa del negocio, pendiente de cada detalle relacionado con la documentación, los cementerios o las inscripciones. Ainhoa, en cambio, ha encontrado su papel en el trato con las familias. «Soy muy empática y suelo conectar bastante rápido con las personas», reconoce. Así pues, «Es fundamental entender qué necesita cada familia». Porque «hay personas que quieren hablar mucho mientras que otras prefieren el silencio o simplemente que estés cerca». Por lo tanto «lo importante es acompañarlas y que puedan preocuparse únicamente de despedir a su ser querido».

Esa filosofía ha dado nombre incluso a la empresa. Servicios Funerarios De la Cuesta pretende reflejar que no ofrecen únicamente un tanatorio, sino un acompañamiento integral. Desde la primera llamada asumen todas las gestiones que rodean un fallecimiento. El traslado del difunto, la preparación del cuerpo, la documentación administrativa, la coordinación con hospitales, Ayuntamientos y cementerios, la contratación de flores, las esquelas, las inscripciones en lápidas, los trabajos en panteones o cualquier trámite posterior que pueda surgir forman parte de las tareas de este proyecto. «Queremos que las familias no tengan que pensar en nada más, ya que nos ocupamos absolutamente de todo», subraya Marco. 

Asimismo, Marco y Ainhoa hacen especial hincapié en la diferencia entre un tanatorio y un velatorio. Aunque muchas personas utilizan ambos términos como sinónimos, no lo son. El centro de Villabrágima dispone de sala específica para determinadas actuaciones forenses, una infraestructura que evita tener que trasladar al fallecido a otra localidad cuando es necesaria alguna intervención previa, como la retirada de un marcapasos antes de una incineración. «Puede parecer un detalle menor, pero evita un trastorno añadido a las familias en un momento muy complicado», dicen.

Todo este proyecto lo sostienen únicamente ellos dos. Aunque cuentan con colaboradores para trabajos concretos o cuando coinciden varios servicios, el día a día recae íntegramente sobre la pareja. Son quienes reciben a las familias, realizan los traslados, preparan al fallecido, atienden las instalaciones y permanecen pendientes de cualquier detalle. «Lo único que queremos transmitir es tranquilidad», insiste Ainhoa.