El Museo Objetos del Ayer abre al público con una colección de antigüedades, curiosidades y obras artísticas que no dejan indiferente a quien ya lo conoce

El hecho de coleccionar es algo ciertamente misterioso y su casuística interminable. Una pasión que en muchos casos aparece en la niñez y que se alarga hasta la etapa adulta. Una pasión de por vida que, como en el caso de César León Fernández y Azucena Asensio González, da como resultado un museo.

Una vieja casa en ruinas luce ahora como un flamante museo que guarda en su interior una colección sin fin de objetos que son memoria de Tierra de Campos, y a los que se unen otras muchas creaciones artísticas. Es el Museo Objetos del Ayer de Tordehumos.

Un espacio en el que César guarda aquellos objetos que desde muy pequeño comenzó a sumar a su colección privada. Una compilación de elementos de todo tipo y época que comenzó a fraguarse en 1986, año en el que «ya tenía cuatro sellos de pan», cuenta este hijo adoptivo de Tordehumos y natural de Revellinos de Campos. Su colección creció y «al morir su tío Francisco Fernández León -muy conocido en La Santa Espina- le compró otros muchos. Tal es su abanico de estos utensilios  que «la Diputación de Valladolid está interesada en hacer una exposición en Mayorga con ellos».

Años más tarde y junto a Azucena lograron tener en su haber tal arsenal de objetos que ambos pensaron en contar con un espacio en donde almacenarlos y crear un museo. Así que comenzaron a recorrer el medio rural en busca de un lugar que no fuera muy caro hasta que dieron en Tordehumos con ese sitio que reunía las condiciones necesarias, por sus dimensiones, a pesar del mal estado. Albañil de profesión, César se puso manos a la obra para recuperar un lugar que ahora guarda seis salas y patios en los que ver y sobre todo aprender de la historia y cultura de nuestros pueblos. En total, «han sido 16 años de trabajo hasta que abrimos el museo hace poco más de dos meses», comenta el coleccionista.

Para César la apertura del Museo Objetos del Ayer es «un sueño hecho realidad». Y es que esta pareja, que respira coleccionismo y arte por los cuatro costados, ha trabajado mucho y muy duro «para poder ofrecer cultura a la infancia y a la población en general». Es la recompensa a todos esos fines de semana y vacaciones que dedicaron a conformar un lugar que ya ha abierto sus puertas a las visitas.

Aunque este rincón de los tesoros en Tordehumos apenas lleva unas pocas semanas en funcionamiento ya cuenta con sus primeros visitantes. Mayores y pequeños ya se han acercado a descubrir esas joyas del ayer a través de una visita que dura cerca de dos horas. El propio César es el encargado de dirigir el recorrido. «Si alguien tiene prisa puedo ajustar la cita a hora y media, pero cada objeto tiene su historia, y yo me la sé con pelos y señales, así que las explicaciones son muy completas».

Tras cruzar la puerta principal el visitante se topa con un «un carro de señoritos« de más de 120 años, que pertenece a la Carretería Emeterio González de Tordehumos y que durante décadas ha descansado en una casa de la localidad. Un objeto que compró en la propia localidad. Aunque la mayoría de los objetos han sido rescatados de rastrillos y mercadillos, como el de Valladolid. Pero «como nunca he tenido mucho dinero el trueque y el intercambio ha tenido mucha importancia». Como albañil «si veía en una de las casas en las que trabajaba algún objeto antiguo interesante lo intercambiaba por horas de trabajo».

UTENSILIOS DE LABRANZA

El museo sirve para rescatar del olvido viejos utensilios y aperos de labranza, muchos de ellos recogidos de la zona de Zamora. Celemines, tijeras, arados y viejas llaves cuelgan de las paredes. Objetos antiguos que no son nada, si los comparamos con cadenas de presos, cinturones de castidad, utensilios medievales, piedras celtas e incluso objetos del paleolítico inferior y superior. Muchos de ellos tesoros con los que César se topaba durante sus largas jornadas de caza.

También guarda juguetes para el recuerdo y viejos utensilios de escuela. Por una parte están los muñecos de plomo o los de pobres, que eran de cartón. Junto a ellos están los de los niños que pertenecían a buenas familias. «Los suyos eran de caucho, que era un material muy caro; para ser buenos tenían que tener una marca en la espalda en forma de animal, como un cangrejo o una tortuga».

Viejos artículos conservados en perfecto estado que son una mirada a los viejos juegos de las familias, cuando los hermanos tenían que compartir un solo juguete. Junto a ellos aparece el ‘Circo de Cachilandia’, obra de Azucena, y bautizado de esta forma porque los disfraces circenses que ella elaboró se hicieron con retales. Vestimentas que ella mismo hizo y que utilizaron para participar en diferentes Carnavales.

La creación e imaginación ocupa un lugar muy especial en el museo. Destacan sus Meninas, hechas con botellas, ladrillos o cerámica; o incluso, una hormiga hecha con barriles, cubos y latas. «Nos han llegado a decir que estas obras tienen aires gaudianos».

También llama especialmente la atención entre los visitas la escalera hecha de ruedas de bicicletas. Y muy especialmente la ‘Cabra del Gitano Ventura’. Quizás las personas más jóvenes no recuerden la frase «más difícil todavía, la cabra encima de la silla». Entonces, el animal se subía a lo alto de la estructura y tenía que girar sobre sí misma. Siendo quinto César la cabra murió. Fue entonces cuando me «hice con ella y actualmente está expuesta en el museo».

Viejas prendas, tocineras, pucheros, muelas, antiguos sistemas eléctricos son solo una pequeña parte de los tesoros escondidos en este lugar. «No sé ni cuántos tengo porque hace mucho que perdí la cuenta». Si bien es cierto «que todo es historia de los pueblos y del medio rural».

Aquellas personas que quieran concertar una visita en el museo pueden hacerlo a través del número de teléfono 644 903 078.